viernes, 28 de marzo de 2014

El arte moderno que odiaba Hitler




FUENTE: Revista Ñ (Clarín)


Nueva York. Reconstrucción de la famosa muestra de 1937 “Arte degenerado” y la retórica nazi.




Antes de meterse en política, Adolf Hitler fue pintor. Dos veces rechazado por la Academia de Bellas Artes de Viena, tenía puntos de vista estridentes sobre la naturaleza del arte y su rol en la sociedad, que no abandonó ni siquiera en medio de las masivas manifestaciones de Nüremberg.



“La misión del arte no es –proclamó el Führer ante la multitud reunida allí en 1935– revolcarse en la basura por la basura misma, pintar al ser humano sólo en un estado de putrefacción, dibujar cretinas como símbolos de la maternidad, o presentar idiotas deformes como representativos de la fuerza masculina”. La cita apareció en la pared de una galería de arte de Munich dos años más tarde, cuando los nazis desplegaron cientos de obras de arte que ellos declararon entartete (degeneradas). Judíos y comunistas, pioneros de la abstracción, y especialmente los expresionistas del movimiento con sede en Dresden conocido como Die Brücke (El puente) fueron condenados como artistas ponzoñosos y enfermos en la exposición Arte degenerado de 1937. Fue una de la exhibiciones más infames del siglo XX; también, una de las que recibieron más visitantes.


Beckmann, Tentación



Arte degenerado: el ataque al arte moderno en la Alemania nazi, 1937 , que abrió hace días en la Galerie Neue, de Nueva York, reconstruye no sólo la exposición de Munich que destruyó tantas carreras artísticas, sino también la retórica que hizo que esa exposición fuera posible. Desde que el museo de arte alemán y austríaco abrió en 2001, ésta es la primera muestra que aborda exclusivamente el período nazi, un paso sin duda bienvenido. La Neue Galerie ha dedicado muestras individuales a muchos de los artistas exhibidos ahora, desde Kandinsky y Kokoschka hasta Otto Dix y Ernst Ludwig Kirchner, y usualmente esas exposiciones se apagaban al final del período de Weimar con un recordatorio breve y respetuoso de los horrores por venir.
Esta muestra se mete en los años 30 e incluye no sólo el arte calificado como degenerado sino también pinturas y esculturas aprobadas por los nazis, propaganda del partido nacional socialista y películas como la espantosamente antisemita Der ewige Jude (El judío errante). El resultado es vigorizante y, si bien la exhibición tiene algunas lagunas –las cincuenta pinturas excluyen varias firmas importantes, como Max Ernst y László Moholy-Nagy– la historia de las pinturas que sí están hace la diferencia.
Lasar Segall, Vagavundos eternos

Los ataques al arte empezaron casi inmediatamente después del ascenso de Hitler al poder en 1933, a menudo en Schandausstellungen (“exhibiciones vergonzosas”) privadas y espontáneas.
Dix, quien fue condecorado con la Cruz de Hierro como soldado durante la Primera Guerra Mundial, fue el target favorito de estas proto-exposiciones de arte degenerado ; señalaban que sus gloriosos grotescos como War Cripples (Los lisiados de la guerra, 1920), eran insuficientemente patrióticos.
War Cripples fue incluida más tarde en una exhibición en Munich pero luego fue destruida. La Neue Galerie exhibe una tarjeta postal contemporánea del trabajo perdido, así como el marco vacío de la pintura original.
Los cuatro elementos, Adolf Ziegler

Por 1937, una comisión liderada por Adolf Ziegler, el pintor favorito de Hitler, fue la encargada de vaciar los museos alemanes de arte inaceptable. 600 de las obras incautadas estaban incluidas en Arte degenerado , que abrió el 19 de julio de 1937 –un día después de la Gran exhibición de arte alemán de Hitler en la horriblemente fascista Haus der Deutsche Kunst, construida para la ocasión (rebautizada Haus der Kunst, esta galería ahora es dirigida por el notable curador nigeriano Okwui Enwezor, quien presentó una admirable exhibición en 2012 sobre su historia nazi). Mientras el arte en la Gran exhibición de arte alemán se desplegó en un estilo neoclásico, en la exposición Arte degenerado las pinturas estaban una muy cerca de la otra, con furiosos y burlones textos como “la locura se vuelve método” o “la revelación del alma racial judía”.

La exposición de la Neue Galerie, sabiamente se negó a recrear esa estética de 1937. El arte tiene un amplio espacio para respirar y los slogans nazis fueron sacados de las paredes. En lugar de eso, el curador Olaf Peters, historiador de arte alemán, incluyó una película corta filmada durante las dos exposiciones de Munich. Esto demuestra que las galerías de Arte degenerado se llenaron de visitantes, pero ninguno se mostró conmocionado o disgustado. Muchos deben haber sido testigos del arte moderno por primera vez.

Sólo un pequeño número de artistas en las exposiciones de arte degenerado eran judíos. Felix Nussbaum, un surrealista que fue asesinado en Auschwitz, no fue incluido; sí lo fue Emil Nolde, un miembro del partido nazi cuya autobiografía está enlazada con el antisemitismo. La degeneración fue un concepto fluido, aplicado a una amplia gama de artistas cuyos destinos fueron tan variados como sus pinturas. Paul Klee, representado aquí por tres acuarelas exquisitas que estaban en Munich, logró llegar a Suiza pero no pudo obtener la ciudadanía debido a la condena nazi. Dix huyó al campo alemán, Beckmann a los Países Bajos y luego a América. Kokoschka, en Gran Bretaña, orgullosamente pintó su “autorretrato como un artista degenerado”. Kirchner se suicidó
. 

Peters se esforzó en aclarar que el punto de vista del partido sobre el arte salía de alguna parte. El concepto de degeneración –la idea de que los artistas podrían tener desórdenes patológicos, que su arte podría no ser malo pero sí enfermo, incluso contagioso– fue extensamente debatido durante la era de Bismarck, preponderantemente por el físico y crítico austrohúngaro Max Nordau, cuyo libro Entartung (Degeneración), de 1892-93, advertía que cualquier sociedad podía ser corrompida por ideas deterioradas de belleza y virtud. “Los degenerados no siempre son criminales, prostitutas, anarquistas y lunáticos pronunciados; a menudo son autores y artistas”, argumentaba Nordau. Como una de las ironías más brutales de la historia del arte contemporáneo, Nordau no era judío sino un sionista comprometido que está sepultado en Tel-Aviv.
Para los nazis, el modernismo no era solamente un estilo inferior o desagradable, el modernismo era un fraude, una peligrosa mentira perpetuada por judíos y comunistas. Las apuestas son claras en la galería más grande de esta exposición, que presenta dos trípticos. A la derecha, “Departure” ( La partida), de Beckmann; a la izquierda, “The Four Elements”( Los cuatro elementos), de Ziegler.
“¡Pueblo alemán, vengan y juzguen ustedes mismos!”, proclamó Ziegler durante la apertura de Arte degenerado . Los alemanes de 1937, por supuesto, no tenían tal libertad de juicio. “Departure”, como todo el trabajo de Beckmann, se sacó del país y terminó en el Museo de Arte Moderno en Nueva York hacia 1942. “The Four Elements” se quedó en Munich, colgada en la casa de Adolf Hitler.
“¡Pueblo alemán, vengan y juzguen ustedes mismos!”, proclamó Ziegler durante la apertura de Arte degenerado

(c)The Guardian
Traducción: Ivanna Soto

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